12 “inquilinos” en la historia del Real Alcázar de Sevilla

Historia del Alcázar de Sevilla

A lo largo de la historia del Real Alcázar de Sevilla son muchos los personajes históricos que han habitado entre sus muros, el Palacio Real en activo más antiguo de Europa y en el que han nacido, vivido, y se han casado Reyes, Príncipes e Infantas españolas a lo largo de sus más de diez siglos de Historia.

Abd al-Rahman III

El conjunto del Real Alcázar de Sevilla tiene su origen en la evolución que la antigua Hispalis romana, la Spali de tiempo de los godos, experimentó durante la Alta Edad Media, cuando la ciudad pasó a denominarse Ixbilia. Y más concretamente a comienzos del siglo X, en el momento en que el Califa de Córdoba Abderrahmán III an-Násir ordenó, en el 913, el levantamiento de un nuevo recinto de gobierno, la Dar al-Imara, en el flanco meridional de la ciudad, según los testimonios más fidelignos. Antes la sede del poder omeya de al-Andalus estuvo dentro del espacio de la ciudad bajo-imperial romana, no lejos de la mezquita aljama  hispalense, localizada en la actual Colegiata del Salvador. El espacio de poder más característico de Sevilla se encontró ya ligado al puerto de la ciudad, la sede más relevante de su actividad económica.

El Alcázar de Sevilla empezó a tomar su aspecto actual tras la conquista de Sevilla por los árabes en el año 713 d.C.  y desde el 720 lo utilizaron como residencia de sus gobernantes.

Al-Mutamid

Al-Mutamid era muy aficionado a la poesía, ejerciendo de mecenas para todos los hombres de letras que demostraran talento. Así conoció a su gran amigo y consejero, el poeta musulmán Ibn ‘ Ammar, uno de los mayores aventureros de Al Andalus y que influyó poderosamente en el rey, llegando a ser primer ministro y amigo durante más de 25 años.

Su segunda gran influencia fue I’timad, el amor de su vida, esposa principal de un harén de hasta 800 mujeres y madre de sus numerosos hijos.

La época en la que tuvo que vivir no fue fácil, por un lado, la disgregación de Al Andalus, con graves conflictos internos entre los propios príncipes musulmanes, por otro, la grave amenaza de los reinos del norte cristiano, a los que debían pagar tributo para evitar una invasión, a lo que hay que añadir la ingerencia del bárbaro reino almorávide de Marruecos.

A pesar de estas amenazas, durante gran parte de su reinado, Sevilla se convirtió en el reino de taifas más importante, llegando someter toda Andalucía. Esto cambió a partir del año 1085, con la conquista de la ciudad de Toledo. Fue como despertar de un mal sueño, los musulmanes se dieron cuenta que los reinos del norte no solo querían su dinero, también deseaban expulsarlos. A raíz de esto, Al- Mutamid pidió ayuda a los almorávides y organizó una coalición de ejércitos musulmanes con la que consiguió detener el avance cristiano en la batalla de Zalaca (1086), si bien dejaron abierta la puerta para futuras ingerencias.

El mítico rey poeta que organizaba tertulias literarias en el Alcázar. Fue el más reconocido de los reyes andaluces, ilustre, sabio y poeta,  que se rodeó de grandes intelectuales de la época y consiguió un esplendor cultural para la corte sevillana, e hizo de Sevilla una de las ciudades más importantes de aquella época.

Fernando III El Santo

Conquistador de Sevilla, Fernando III vivió en el Alcázar hasta su fallecimiento,  reflejado en el cuadro las postrimerías de Fernando III, el Santo del Palacio Renacentista. Patrón de Sevilla, inició una saga de Reyes de Castilla vinculados a Sevilla.

Pedro I El Cruel

El palacio del Rey Don Pedro forma parte del complejo monumental de los Reales Alcázares de Sevilla. Fue construido por iniciativa del rey Pedro I, entre 1356 y 1366, en su construcción colaboraron artesanos de Toledo, Granada y de la propia Sevilla, posteriormente fue transformado en época de los Reyes Católicos y de los primeros Austrias. Según las investigaciones arqueológicas, el palacio del rey Pedro constituyó un proyecto de nueva planta, que se elevó en un lugar donde existían construcciones anteriores.

Este palacio nació para servir como edificio privado del rey Pedro I, frente al carácter más protocolario que representaba el palacio gótico, levantado en el siglo anterior por orden de Alfonso X​ el interior se estructura en torno a dos núcleos, uno dedicado a la vida oficial que se sitúa alrededor del patio de las Doncellas y otro a la privada en torno al patio de las Muñecas. Caminando a lo largo de las galerías y salas decoradas con bellos azulejos y admirando los preciosos techos mudéjares, desde el vestíbulo se llega al patio de las Doncellas, patio principal, una obra maestra del arte mudéjar andaluz. Desde la entrada al patio de las doncellas nos encontramos a la derecha la Alcoba Real, enfrente se encuentra el salón de embajadores y a la izquierda el salón del Techo de Carlos V.

La leyenda

El rey estaba casado con Blanca de Borbón, pero, según las malas lenguas, el matrimonio sólo se consumó dos veces por motivos no demasiados claros. Había quien pensaba que Pedro I no tenía interés en ella porque realmente estaba enamorado de otra mujer (María de Padilla). También se rumoreaba que el hecho de que la familia de Blanca de Borbón no abonara la dote estipulada enfureció al monarca. Y también coexistía una tercera teoría que fue la que dio pie a la leyenda.

Según esta versión, Blanca de Borbón mantenía relaciones sexuales con Don Fadrique, hermanastro de su marido. El idilio llegó a oídos del rey, quien hizo llamar a Don Fadrique inmediatamente. Ambos se vieron las caras en El Alcázar, entablando una fuerte discusión que acabó en tragedia, pues Pedro I acuchilló a Don Fadrique con una daga hasta causarle la muerte. Dado que el suelo, de mármol, aún estaba en bruto y sin pulimentar, absorbió por completo la enorme mancha de sangre, que aún puede contemplarse en la sala de los azulejos.

 Alfonso X El Sabio

los Reales Alcázares vuelvan a recuperar su esplendor y el rey Alfonso X, el Sabio, el encargado de realizar su reconstrucción, y construir un palacio nuevo, pero en esta ocasión al gusto y al estilo gótico. De él podemos admirar, por ejemplo, el magnífico Patio de Crucero, de colosal estructura gótica. (ver foto)

Alfonso X toma el Real Alcázar como residencia temporal, ya que su trono lo tiene en Toledo donde este gran monarca funda la famosa Escuela de Traductores inspirándose en el trabajo emprendido por su padre Fernando III en Sevilla, quien comienza allí a reunir textos árabes, judíos y griegos que traducen al latín. No sólo en Toledo funda Alfonso X una escuela de traductores, también lo hace en la capital de Murcia.
Por la tumba de Fernando III en la Catedral de esta ciudad (donde puede leerse una inscripción escrita en latín, hebreo, árabe y castellano) puede observarse perfectamente el espíritu reunificador y de concordia que animó a este rey cristiano y a su hijo Alfonso X cuyos restos también reposan en la misma Catedral.

En cuanto a este último, decir que se ganó el apelativo de Sabio por los grandes conocimientos que tenía sobre las diversas disciplinas y ramas del saber, dado que ese era el modo como este monarca entendía la dignidad de ser rey, escribiendo en el Alcázar sus famosas “Cantigas”.

Reyes Católicos

En 1477 los Reyes Católicos llegaron a Sevilla, utilizando el recinto como aposento, y un año después, el 14 de junio de 1478, nació en el palacio su segundo hijo, el príncipe Juan. Se conoce que este parto real fue asistido por una partera sevillana conocida como “la Herradera” y que contó con la presencia, como testigos designados por el rey Fernando, de Garci Téllez, Alonso Melgarejo, Fernando de Abrejo y Juan de Pineda, según marcaban las normas castellanas, para disipar la menor duda de que el hijo era de la reina.​ En 1526 se celebró en el Alcázar la boda de Carlos I con su prima Isabel de Portugal.

Cristóbal Colón

La huella de Cristóbal Colón en Córdoba se inició en 1485, en busca de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, y siguió un 20 de enero de 1486 con la primera entrevista que éstos le concedieron en el Alcázar.

En el año 1492 se produce un acontecimiento histórico que cambió el rumbo de la ciudad de Sevilla. El Descubrimiento de América de la mano de Cristóbal Colón, hizo que esta ciudad viviese un espectacular crecimiento económico, social y cultural. Sevilla se convirtió en puerta y puerto del Nuevo Mundo, con un crecimiento urbano que la conviertió en la ciudad más desarrollada de la época.

El Almirante de la Mar Océana y Almirante de Castilla, Cristóbal Colón tiene en la Sala de Audiencias del Palacio Renacentista su escudo de armas, la misma habitación donde fue recibido por los Reyes Católicos.

La Casa de la Contratación fue creada para fomentar y regular el comercio y la navegación con el Nuevo Mundo. Ocupaba un sector del Alcázar Real conocido como el Cuarto de los Almirantes. Lo que hoy sobrevive de la antigua Casa de Contratación, es sólo una parte de lo que en su momento llegó a ocupar, como son el Salón del Almirante y la Sala de Audiencias, que podemos visitar hoy día en los Reales Alcázares.

Carlos V

Receptor de una de las mayores herencias de la historia, Carlos V convierte el palacio medieval en un palacio digno del Renacimiento, destacando el pabellón que le fue dedicado por su boda con Isabel de Portugal.

Felipe II

Como hombre del Renacimiento que fue, continuó la adaptación renacentista, en una etapa en la que Sevilla se convirtió en la capital del mundo, llegando a sus muros grandes artistas del Norte de Europa e Italia.

Duques de Montpensier

Los duques de Montpensier, como señala Lleó Cañal, «supieron introducirse con suma habilidad en el mundo de las devociones sevillanas. A parte de ser hermanos mayores honorarios de las cofradías de la Soledad del Puerto de Santa María y de Montserrat, donaron sayas y mantos a la Virgen del Carmen del ex convento de los Remedios, a la Virgen de la Salud de San Isidoro, a la Virgen de la Paz de Santa Cruz o a la Virgen de la O»  siendo otros de los muy ilustres habitantes del Alcázar.

En septiembre de 1848 nació su primera hija, Isabel, en los Reales Alcázares de Sevilla. Pensaron comprar el palacio de Carlos V o el Generalife en Granada, pero el gobierno no dió el visto bueno. Finalmente se instalaron en el palacio de San Telmo de Sevilla.

Marqués de la Vega Inclán

Don Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II marqués de la Vega-Inclán (1858-1942) fue, además de militar, pintor, viajero y uno de los mecenas españoles más importantes de la primera mitad del siglo XX, promotor indiscutible de diferentes proyectos culturales de finalidad eminentemente pública. Desde el punto de vista museístico, su personalidad supuso un importante paso hacia el desarrollo del museo especializado. A él se deben la creación del Museo del Greco en Toledo (1911), de la Casa de Cervantes en Valladolid (1915) y la del Museo del Romanticismo en Madrid (1924), sin olvidar el papel que jugó en la creación del Museo Sorolla. Desde el punto de vista cultural, será Comisario Regio de Turismo entre 1911 y 1928, impulsará el concepto, absolutamente moderno, de la red de paradores nacionales, así como la construcción de hoteles como el de Alfonso XIII en Sevilla. Formó parte también de la vida cultural de su época a través de su participación en empresas de recuperación y promoción del patrimonio, tales como la restauración de la Sinagoga de Tránsito en Toledo y la del Patio del Yeso en el Alcázar de Sevilla, participando además como vocal en el Patronato de la Alhambra.

Considerado el padre del barrio de Santa Cruz, por las reformas que en él llevó a cabo, siendo desde entonces un importantísimo atractivo turístico de Sevilla.

Joaquín Romero Murube

Joaquín Romero Murube, fue un articulista y poeta de la generación del 27. destacándose también por organizar tertulias literarias, y descubrir la muralla del primitivo Alcázar.

Desde 1934 desempeñó la función de director conservador de los Reales Alcázares de Sevilla, cargo en el que fue confirmado en 1943 y que ocupó hasta su muerte. Convertido en un referente fundamental de la vida cultural sevillana, en 1935 organizó una lectura del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Federico García Lorca, a cuya trágica muerte aludió en su libro Siete romances (1937), uno de los dos que publicó durante la Guerra Civil (1936-1939); en el prólogo al segundo, Sevilla en los labios (1938), declaraba su rechazo al localismo en pro de una “Sevilla universal”, detenida en el tiempo.

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